
Revista Multidisciplinaria Súmmum Vol. 3, Núm. 1. (Enero- marzo 2024.) ISSN: 3103-1439
16
tirogloso, un trayecto embrionario que sigue la glándula tiroides en su descenso desde el foramen caecum en
la base de la lengua hasta su posición final en la región anterior del cuello. A pesar de ser una entidad
benigna en su mayoría, el QCT puede presentar complicaciones como infección, formación de fístulas y, en
raras ocasiones, malignización (Ahmed, N., & Tostevin, E., 2020).
La comprensión de la embriogénesis del conducto tirogloso es fundamental para entender la localización y
las características clínicas del QCT. Durante la tercera y cuarta semana de gestación, la glándula tiroides se
desarrolla a partir de un divertículo endodérmico en el suelo de la faringe primitiva (futuro foramen
caecum). A medida que el embrión crece, la tiroides desciende, conectada a la lengua por el conducto
tirogloso. Este conducto normalmente involuciona entre la octava y décima semana de gestación. La
persistencia de porciones de este conducto da lugar a la formación de un QCT (Gama, R. R., et al. 2021).
Estudios recientes continúan confirmando que la mayoría de los QCT (aproximadamente el 70-80%) se
localizan en la línea media o paramedia del cuello, íntimamente relacionados con el hueso hioides. La
presentación clínica suele ocurrir antes de los 20 años en más del 50% de los casos, sin predilección clara
por el sexo, aunque algunos estudios sugieren una ligera predominancia masculina. Investigaciones
recientes también han explorado posibles factores moleculares implicados en la persistencia del conducto,
aunque esta área aún requiere mayor profundización. (Patel, A. K., & Gubbels, S. P. (2022), Thompson, C.
F., et al. (2020)).
La manifestación clínica típica es una masa cervical anterior, indolora, lisa, móvil y que característicamente
se eleva con la protrusión de la lengua y la deglución debido a su adherencia al hueso hioides y a las
estructuras laríngeas. Sin embargo, si el quiste se infecta, puede presentarse como una masa dolorosa,
eritematosa y fluctuante, pudiendo incluso drenar espontáneamente formando una fístula tiroglosa (Wang,
K., et al. (2021).
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, apoyado por estudios de imagen como:
Ecografía cervical: Sigue siendo el estudio de imagen de primera línea, especialmente en la población
pediátrica, por ser no invasiva, accesible y no utilizar radiación ionizante. Permite confirmar la naturaleza
quística de la lesión, su relación con el hueso hioides y, crucialmente, evaluar la presencia y normalidad de
la glándula tiroides en su localización ortotópica. La literatura reciente enfatiza la importancia de esta última
evaluación para descartar la presencia de tejido tiroideo ectópico único dentro del quiste, lo que modificaría
el abordaje terapéutico.