Revista Multidisciplinaria Súmmum Vol. 3, Núm. 1. (Enero- marzo 2024.) ISSN: 3103-1439
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Recibido: 20/Marzo/2026
Aceptado: 16 /Abril/ 2026
Quiste del conducto tirogloso: presentación y manejo de un caso pediátrico
Thyroglossal duct cyst: presentation and management of a pediatric case
Diana Mendoza Paneque
1
ORCID:
https://orcid.org/0009-0004-6643-1345
Daniel Arturo Verdecia Plasencia
2
ORCID: https://orcid.org/0009-0005-0028-5629
Liana Mendoza Paneque
3
ORCID: https://orcigd.org/0009-0005-2728-5696
1
Médico Investigador Hospital Gral. Luis Milanés Bayamo, Granma. Cuba. Correo electrónico:
dmendozapaneque@gmail.com
2
Médico Investigador Hospital Gral. Luis Milanés Bayamo, Granma. Cuba. Correo electrónico:
verdeciadaniel15@gmail.com
3
Médico investigador Hospital General Provincial Carlos Manuel de Céspedes Bayamo. Granma. Cuba.
Correo electrónico: lianamendozapaneque@gmail.com
*Autor para correspondencia:
mendozapanequediana@gmail.com
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Resumen
El quiste del conducto tirogloso (QCT) es la anomalía congénita cervical más frecuente en la infancia,
aunque puede diagnosticarse a cualquier edad. Se origina a partir de restos epiteliales del conducto
tirogloso, un trayecto embrionario que sigue la glándula tiroides en su descenso desde el foramen caecum en
la base de la lengua hasta su posición final en la región anterior del cuello. A pesar de ser una entidad
benigna en su mayoría, el QCT puede presentar complicaciones como infección, formación de fístulas y, en
raras ocasiones, malignización. Estudios recientes continúan confirmando que la mayoría de los QCT
(aproximadamente el 70-80%) se localizan en la línea media o paramedia del cuello, íntimamente
relacionados con el hueso hioides. La presentación clínica suele ocurrir antes de los 20 años en más del 50%
de los casos, sin predilección clara por el sexo, aunque algunos estudios sugieren una ligera predominancia
masculina. Investigaciones recientes también han explorado posibles factores moleculares implicados en la
persistencia del conducto, aunque esta área aún requiere mayor profundización
Palabras clave: Quiste tirogloso, cirugía pediátrica, técnica de Sistrunk
Abstract
The thyroglossal duct cyst (TDC) is the most common congenital cervical anomaly in childhood, although it
can be diagnosed at any age. It originates from epithelial remnants of the thyroglossal duct, an embryonic
path followed by the thyroid gland during its descent to the anterior region of the neck. Case Presentation: A
3-year-old male patient presented with a slow-growing, painless mass in the midline of the neck. Physical
examination and ultrasound confirmed a cystic lesion in close relation to the hyoid bone. Management: The
patient underwent a Sistrunk procedure, which involved the complete excision of the cyst, the ductal tract,
and the central portion of the hyoid bone. Conclusion: The Sistrunk procedure remains the gold standard,
offering the lowest recurrence rates and a favorable prognosis for pediatric patients.
Keywords: Thyroglossal cyst, pediatric surgery, Sistrunk technique.
Introducción
El quiste del conducto tirogloso (QCT) es la anomalía congénita cervical más frecuente en la infancia,
aunque puede diagnosticarse a cualquier edad. Se origina a partir de restos epiteliales del conducto
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tirogloso, un trayecto embrionario que sigue la glándula tiroides en su descenso desde el foramen caecum en
la base de la lengua hasta su posición final en la región anterior del cuello. A pesar de ser una entidad
benigna en su mayoría, el QCT puede presentar complicaciones como infección, formación de fístulas y, en
raras ocasiones, malignización (Ahmed, N., & Tostevin, E., 2020).
La comprensión de la embriogénesis del conducto tirogloso es fundamental para entender la localización y
las características clínicas del QCT. Durante la tercera y cuarta semana de gestación, la glándula tiroides se
desarrolla a partir de un divertículo endodérmico en el suelo de la faringe primitiva (futuro foramen
caecum). A medida que el embrión crece, la tiroides desciende, conectada a la lengua por el conducto
tirogloso. Este conducto normalmente involuciona entre la octava y décima semana de gestación. La
persistencia de porciones de este conducto da lugar a la formación de un QCT (Gama, R. R., et al. 2021).
Estudios recientes continúan confirmando que la mayoría de los QCT (aproximadamente el 70-80%) se
localizan en la línea media o paramedia del cuello, íntimamente relacionados con el hueso hioides. La
presentación clínica suele ocurrir antes de los 20 años en más del 50% de los casos, sin predilección clara
por el sexo, aunque algunos estudios sugieren una ligera predominancia masculina. Investigaciones
recientes también han explorado posibles factores moleculares implicados en la persistencia del conducto,
aunque esta área aún requiere mayor profundización. (Patel, A. K., & Gubbels, S. P. (2022), Thompson, C.
F., et al. (2020)).
La manifestación clínica típica es una masa cervical anterior, indolora, lisa, móvil y que característicamente
se eleva con la protrusión de la lengua y la deglución debido a su adherencia al hueso hioides y a las
estructuras laríngeas. Sin embargo, si el quiste se infecta, puede presentarse como una masa dolorosa,
eritematosa y fluctuante, pudiendo incluso drenar espontáneamente formando una fístula tiroglosa (Wang,
K., et al. (2021).
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, apoyado por estudios de imagen como:
Ecografía cervical: Sigue siendo el estudio de imagen de primera línea, especialmente en la población
pediátrica, por ser no invasiva, accesible y no utilizar radiación ionizante. Permite confirmar la naturaleza
quística de la lesión, su relación con el hueso hioides y, crucialmente, evaluar la presencia y normalidad de
la glándula tiroides en su localización ortotópica. La literatura reciente enfatiza la importancia de esta última
evaluación para descartar la presencia de tejido tiroideo ectópico único dentro del quiste, lo que modificaría
el abordaje terapéutico.
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Tomografía Computarizada (TC) y Resonancia Magnética (RM): Se reservan generalmente para casos con
sospecha de complicaciones (infección profunda, absceso), recurrencias, extensión atípica o sospecha de
malignidad. La RM ofrece una mejor delimitación de los tejidos blandos y la extensión del trayecto.
Estudios comparativos en los últimos años han seguido evaluando la utilidad de secuencias específicas de
RM para caracterizar mejor los QCT.
Punción Aspiración con Aguja Fina (PAAF): Su uso en el diagnóstico inicial de QCT no complicado es
controvertido y no se recomienda de rutina, especialmente en niños. Sin embargo, puede ser útil en adultos,
ante características ecográficas sospechosas de malignidad (componentes sólidos, vascularización interna,
microcalcificaciones) o en casos de recurrencia para descartar patología neoplásica. Guías recientes
sugieren un papel más definido de la PAAF guiada por ecografía en lesiones complejas o en adultos (De
Riu, G., et al. (2022), Lee, J. H., & Kim, D. W. (2023))
El diagnóstico diferencial incluye otras masas cervicales de línea media como quistes dermoides, quistes
epidermoides, linfadenopatías, higromas quísticos (linfangiomas), abscesos y, más raramente, neoplasias
tiroideas ectópicas o metástasis. La historia clínica detallada, las caractesticas al examen físico y los
hallazgos imagenológicos suelen ser suficientes para diferenciar el QCT de estas entidades (Ross, J., et al.
(2024).
El tratamiento de elección para el quiste del conducto tirogloso es la operación de Sistrunk, descrita en
1920. Este procedimiento implica la escisión completa del quiste, el trayecto del conducto tirogloso hasta el
foramen caecum, incluyendo la porción central del hueso hioides.
Técnica de Sistrunk Clásica vs. Modificaciones: La literatura de los últimos cinco años reafirma la
superioridad de la operación de Sistrunk sobre la simple escisión del quiste en cuanto a tasas de recurrencia.
Se han discutido y evaluado modificaciones menores a la técnica original, como la extensión de la disección
suprahioidea o el uso de azul de metileno para identificar el trayecto, pero el principio fundamental de
resecar el cuerpo del hioides y el trayecto hasta la base de la lengua sigue siendo el pilar del tratamiento
(Smith, L. M., & Brown, R. S. (2023).
Manejo de la Infección Aguda: En casos de QCT infectado, el manejo inicial suele ser conservador con
antibióticos. El drenaje quirúrgico puede ser necesario si se forma un absceso. La cirugía definitiva
(operación de Sistrunk) se pospone hasta que la infección se haya resuelto completamente, generalmente
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tras 4-6 semanas, para disminuir el riesgo de complicaciones y recurrencia. Este enfoque sigue siendo el
estándar en las publicaciones recientes.
Abordajes Mínimamente Invasivos: Se ha explorado el uso de cnicas endoscópicas o mínimamente
invasivas para la resección del QCT, buscando mejores resultados cosméticos, especialmente en adultos
jóvenes. Sin embargo, estos abordajes aún no son el estándar, y su eficacia a largo plazo y tasas de
recurrencia en comparación con la técnica de Sistrunk abierta continúan bajo evaluación. La mayoría de la
literatura reciente aún considera la técnica abierta como el "gold standard".
Alternativas a la Cirugía (Escleroterapia): Se han investigado agentes esclerosantes (como OK-432 o etanol)
como alternativa a la cirugía, principalmente en pacientes no candidatos a cirugía o con recurrencias
múltiples. Si bien algunos estudios han mostrado resultados prometedores a corto plazo, las tasas de éxito
son variables y la recurrencia sigue siendo una preocupación. La cirugía de Sistrunk sigue siendo la opción
preferente para la curación definitiva (Bailey H. /(2023),Douglas J, Reinols I. (2025), Marin M, Ordoñez O,
Palacios A. (2022)).
El presente trabajo está dedicado a describir las características clínicas del quiste tirogloso en la infancia,
haciendo énfasis en su manejo y técnica quirúrgica de elección.
Metodología
El presente trabajo corresponde a un estudio de caso clínico de alcance descriptivo y enfoque cualitativo. El
diseño se fundamenta en la observación clínica directa, la revisión de la historia clínica institucional y el
análisis de los estudios de imágenes anatomopatológicas del paciente pediátrico. Se realizó una revisión
bibliográfica sistemática en bases de datos científicas para contrastar el manejo del caso con los estándares
internacionales actuales y la técnica quirúrgica de Sistrunk. Para la recolección de datos se contó con el
consentimiento informado de los tutores legales, respetando los principios éticos de confidencialidad y
beneficencia
Resultados y discusión
Presentación del caso:
Se trata de un paciente masculino de 3 años de edad nacido a término, parto eutócico, sin complicaciones
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perinatales, vacunación completa según calendario, sin alergias conocidas ni enfermedades crónicas ni
cirugías previas. Acude al cuerpo de guardia por un aumento de volumen en la parte anterior del cuello,
indoloro, de varios meses de evolución, referido por los padres.
Los padres notaron una pequeña masa en la línea media del cuello hace aproximadamente 6 meses. Refieren
que la masa ha aumentado de tamaño de forma lenta y progresiva. No asocian dolor, fiebre, cambios en la
voz, dificultad para tragar o respirar. Mencionan que la masa parece moverse hacia arriba cuando el niño
saca la lengua. No hay historia de infecciones recientes en vías aéreas superiores. No se recogen
antecedentes familiares de patología tiroidea o malformaciones cervicales. Durante la exploración física se
detecta buen estado general, afebril, hidratado, colaborador.
Mucosas: normocoloreadas y húmedas.
Cuello: Se observa una masa redondeada, de aproximadamente 2 x 2 cm, en la línea media del cuello, a
nivel del hueso hioides. Piel suprayacente de aspecto normal, sin signos inflamatorios. Masa lisa, móvil, no
dolorosa a la palpación, de consistencia quística (blanda/elástica). Se confirma el ascenso de la masa con la
protrusión de la lengua y durante la deglución. No se palpan adenopatías cervicales significativas. Glándula
tiroides no visible ni palpable.
Respiratorio: no polipnea, no aleteo nasal, no tiraje. Murmullo vesicular normal. No estertores.
Cardiovascular: latido de la punta no visible ni palpable. Ruidos cardiacos rítmicos, audibles de buen tono e
intensidad, no soplo. Pulsos periféricos presentes y normales.
Abdomen. Blando, depresible que no impresiona doloroso a la palpación superficial y profunda. No
visceromegalia. Ruidos hidroaéreos presentes y normales. No sonidos vasculares.
Tejido celular subcutáneo: no infiltrado
Neurológico: consciente, alerta, cooperativo. Pupilas isocóricas y reactivas. No toma motora.no signos
meníngeos.
Se indicaros estudios complementarios como:
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Ecografía Cervical: Se identifica una lesión quística bien definida, anecoica, de paredes finas, localizada en
la línea media, en íntima relación con el hueso hioides, de 2.2 x 1.8 cm. No se observan septos gruesos ni
componentes sólidos significativos en su interior. Glándula tiroides de ecoestructura y localización normal.
Analítica Sanguínea: Hemograma completo que se encuentra dentro de mites normales.
Función Tiroidea (TSH, T4 libre): Dentro de límites normales. En este caso, con tiroides normal en
ecografía, podría omitirse inicialmente.
Antes de establecer un diagnóstico se debe diferenciar de otras entidades como:
* Linfadenopatía cervical
* Quiste dermoide / epidermoide
* Higroma quístico (Linfangioma) (generalmente más lateral)
* Absceso cervical
* Patología tiroidea (nódulo tiroideo, tiroides ectópica) - *Descartado por ecografía en este caso.
* Lesiones malignas (raro en esta edad y presentación)
Teniendo en cuenta los datos de la historia clínica, el examen físico característico y los hallazgos
ecográficos se estableció como diagnóstico definitivo: Quiste del Conducto Tirogloso; por lo cual fue
transferido al servicio de cirugía pediátrica para su tratamiento.
En este caso el tratamiento de elección es quirúrgico, realizándose como procedimiento la técnica de
Sistrunk, que es una escisión completa del quiste, del trayecto del conducto tirogloso hasta el foramen
caecum en la base de la lengua, incluyendo la porción central del hueso hioides para reducir al mínimo el
riesgo de recurrencia.
Manejo Perioperatorio:
Se inicia con profilaxis antibiótica y analgesia postoperatoria. Durante la operación se identificó el quiste y
el trayecto fistuloso adherido a la porción media del hioides, que se resecó en bloque hasta la base de la
lengua. No hubo complicaciones inmediatas. Durante el postoperatorio inmediato el paciente presentó
buena evolución, sin complicaciones. Control adecuado del dolor.
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Se realizó estudio anatomopatológico de la pieza quirúrgica, confirmándose una cavidad quística revestida
por epitelio columnar pseudoestratificado y escamoso, con folículos tiroideos en la pared. Compatible con
quiste del conducto tirogloso. Márgenes de resección libres de lesión. No se observan signos de malignidad.
Al mes se evalúa el paciente en consulta externa donde se aprecia herida quirúrgica cicatrizada
correctamente sin signos de recurrencia de la masa. Paciente asintomático, desarrollo adecuado.
Discusión
Los quistes y fístulas del conducto tirogloso constituyen una afección congénita desarrollada sobre la
persistencia de restos epiteliales embriológicos en el trayecto de la glándula tiroidea, que sigue desde su
aparición en el suelo faríngeo durante la tercera semana de vida hasta llegar en la sexta a su situación
anatómica definitiva. Este trayecto, denominado conducto tirogloso de His o Bochdalek, se oblitera y se
reabsorbe entre la séptima u octava semana de vida intrauterina. Cuando esto no sucede o se realiza
parcialmente, o cuando por motivos desconocidos las células indiferenciadas de su tercio medio se
diferencian e inician una actividad secretora, aparecen los quistes del conducto tirogloso (Díaz J, Rodríguez
R. 2017).
Esta afección representa entre el 66 % y 72 % de los procesos congénitos del cuello, tiene una mayor
incidencia en la edad infantil, generalmente en la primera década de la vida, la cirugía tiene una función
primordial en su tratamiento, debido al riesgo de infección y neoplasia (Estrada M.(2016), Skandalakis J,
Colburn G, Weidman T, Foster R, Kingsworth A, Skandalakis L, et al.(2015)), dato que coincide con el
paciente en cuestión.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, aunque puede ser de utilidad la práctica de una ecografía. Se
recomienda la realización de gammagrafía tiroidea no para el diagnóstico positivo de QCT, sino para
demostrar la existencia de una glándula tiroidea normal y descartar las raras ectopias tiroideas, cuya
extirpación inadvertida originaría un hipotiroidismo permanente (Acierno S, Waldhausen J. 2016). En este
caso se demostró la presencia de la glándula tiroidea por ecografía y su funcionabilidad mediante la
determinación en sangre de hormonas tiroideas.
Los errores diagnósticos son la causa más frecuente de una técnica quirúrgica inadecuada, lo cual produce
un elevado índice de recurrencias. Esta alta tasa de recidivas se reduce al emplear la técnica descrita por
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Sistrunk en 1920 que incluye la extirpación del quiste, de 1/3 medio del hueso hioides y del tracto posterior
en bloque hacia el agujero ciego lingual (Sánchez G, Cabrera E. 2017).
Sistrunk preconizó la técnica en 1920, la cual se mantiene bien codificada en la actualidad (Berty G, Gould
N, Louis F. 2015). La operación se realiza bajo anestesia general, la posición del paciente es la misma que
para la tiroidectomía, paciente en decúbito supino con hiperextensión del cuello, mediante el auxilio de un
calzo debajo de los hombros.
Se realiza incisión cutánea horizontal, disimulada en un pliegue cutáneo entre el hueso hioides y el cartílago
tiroides, con una longitud de 5 cm aproximadamente, lo que permite la adecuada del esqueleto laríngeo y
del espacio preepiglótico y la base de la lengua.
Si la piel está lesionada por un proceso séptico del quiste, se realiza una incisión en losange y si el quiste se
extiende hasta el nivel de la horquilla esternal, se hará una incisión escalonada. El quiste puede estar
localizado infra, supra o prehioideo, pero siempre se debe vaciar el espacio prelaríngeo medial y
paramedial.
Se comienza desde abajo buscando la línea alba paramedial que separa los músculos infrahioideos a nivel
del cartílago cricoides, al separar los músculos se identifica el istmo del tiroides, se secciona la pirámide de
Lalouett si está presente y se liga con sutura absorbible, se tracciona hacia abajo y el otro extremo del hilo
sirve para realizar la tracción del espécimen hacia arriba ( Loré J. 2016).
La pirámide se extirpa con el tejido
prelaringeo llevando la disección al contacto con el cartílago tiroides, de abajo hacia arriba hasta la
escotadura (Ortiz S, Arusa J. 2015). En ese momento se seccionan los fascículos medianos del extremo
superior de los músculos externo hioideos a 0,3 cm por debajo del hueso hioides a ambos lados de la línea
media, y así se libera el hueso hioides en su borde inferior.
La membrana tirohioidea se secciona varios milímetros por encima del cartílago tiroides para acceder al
compartimiento tirohioepiglótico, se retira su contenido graso y se respeta la mucosa de las valéculas. No se
debe raspar el hueso hioides debía a que se puede interrumpir el conducto tirogloso, se debe seccionar el
cuerpo del hioides a nivel de las astas menores con cizalla de Moure o tijeras Mayo. Luego el hueso hioides
se tracciona hacia abajo y se comienza la disección suprahioidea evitando separar las partes y mantener un
solo espécimen (Llorente J, Fernando L, Vanessa S, Fueyob A, Carnero S, Martín C, et al. 2015).
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Se realiza incisión de los músculos milohioideos con bisturí eléctrico según un trayecto triangular con base
en el cuerpo del hioides resecado y ápice que apunta a la línea media a 1,5 cms más arriba.
Este triángulo es la base del cono que se talla en profundidad en los músculos genioglosos hasta el agujero
ciego. Para orientarse mejor en la base de la lengua, hacia la punta de la V lingual, Sistrunk propuso seguir
la bisectriz del ángulo recto formado por la línea horizontal y la línea perpendicular al borde superior del
hueso hioides (Jordi T, Cruz P, Farré A, Vega J, Skufca J, Nogués J. 2015).
La resección se hace a la altura del agujero ciego auxiliado por el ayudante que introduce el dedo índice en
la boca y proyecta la base de la lengua hacia adelante, facilitando la ligadura del extremo superior del
conducto tirogloso. Esta maniobra quirúrgica no es descrita en ninguna de la bibliografía revisada, pero su
práctica es común entre los otorrinolaringólogos y maxilofaciales cubanos.
Se realiza la hemostasia necesaria y el cierre por planos, primero el muscular, luego el subcutáneo y por
último la piel, dejando un drenaje de Penrrousse. Se han descrito modificaciones a esta técnica como la de
conservar el cuerpo del hueso hioides.
Esta técnica quirúrgica descrita por Sistrunk en 1920 mantiene su efectividad y a pesar de las
modificaciones realizadas, sus principios continúan invariables, lo cual se evidencia en los resultados
postoperatorios del paciente, el cual no presentó complicaciones ni recidivas.
Histológicamente los QCT están tapizados de epitelio escamoso estratificado o cilíndrico seudoestratificado
de tipo respiratorio con glándulas mucosas, que segregan el contenido mucinoso típico de estos quistes. La
repetición de los episodios inflamatorios puede destruir dicho epitelio y hacerlo difícilmente reconocible en
el estudio histológico; debido a que se trata de un paciente que no había tenido infecciones previas del tejido
fue fácil el diagnóstico anatomopatológico. Es frecuente encontrar múltiples tractos epiteliales, en ocasiones
discontinuos, lo que explicaría aquellas recidivas inesperadas después de intervenciones quirúrgicas
técnicamente correctas (Flints P. (2012)
Algunas de las principales complicaciones que podrían presentarse en estos casos son:
Recurrencia: Es la complicación más común tras la cirugía, con tasas que varían entre el 3% y el 5%
cuando se realiza adecuadamente la operación de Sistrunk. Las tasas son significativamente mayores
(hasta 20-50%) con la simple escisión del quiste. Factores de riesgo para la recurrencia incluyen una
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cirugía inadecuada (no resección del hioides o del trayecto completo), infección preoperatoria y
cirugías previas. Estudios recientes continúan analizando factores predictivos y estrategias para
minimizarla.
Infección de la Herida Quirúrgica: Ocurre en un pequeño porcentaje de casos y suele manejarse con
antibióticos y cuidados locales.
Fístula: Puede desarrollarse tras una infección o como complicación de la cirugía.
Lesión Nerviosa: Rara, pero pueden ocurrir lesiones del nervio hipogloso o laríngeo recurrente si la
disección no es cuidadosa.
Hipotiroidismo: Extremadamente raro, solo ocurriría si el QCT contiene el único tejido tiroideo
funcional del paciente y este es extirpado. De ahí la importancia de la ecografía preoperatoria para
confirmar la presencia de una glándula tiroides normal.
Malignización en el Quiste del Conducto Tirogloso: Aunque infrecuente (aproximadamente 1-2% de
los QCT), la transformación maligna puede ocurrir, siendo el carcinoma papilar de tiroides el tipo
histológico más común. Suele diagnosticarse de forma incidental en el estudio histopatológico de la
pieza quirúrgica. La malignidad es más frecuente en adultos que en niños. Características
ecográficas como la presencia de componentes sólidos, microcalcificaciones, vascularización
aumentada o márgenes irregulares pueden levantar sospecha. La PAAF puede ser útil en estos casos.
El tratamiento del carcinoma originado en un QCT generalmente implica la operación de Sistrunk.
La necesidad de tiroidectomía total y terapia con yodo radiactivo adyuvante es controvertida y se
decide caso por caso, dependiendo del tamaño del tumor, la invasión extratiroidea, la presencia de
metástasis ganglionares y las características histológicas. El pronóstico suele ser excelente, similar al
del carcinoma papilar de tiroides confinado a la glándula. La literatura reciente sigue debatiendo la
extensión óptima del tratamiento en estos casos, abogando por un enfoque individualizado (Medina
J, Byers R. 2016).
Afortunadamente nuestro paciente tuvo una evolución favorable sin ninguna de estas posibles
complicaciones, aunque se han descrito que pueden aparecer a largo plazo, por lo cual no está exento al
desarrollo de cualquiera de ellas.
Conclusiones
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El quiste del conducto tirogloso sigue siendo una patología cervical frecuente cuyo diagnóstico se basa en la
sospecha clínica y se confirma mediante ecografía. La operación de Sistrunk continúa siendo el tratamiento
de elección, ofreciendo las tasas más bajas de recurrencia. La investigación en los últimos cinco años ha
reforzado la importancia de una adecuada evaluación preoperatoria, la técnica quirúrgica meticulosa y ha
continuado explorando el papel de la PAAF en casos seleccionados, así como el manejo óptimo de la
infrecuente transformación maligna. Si bien se han investigado abordajes mínimamente invasivos y terapias
alternativas, la operación de Sistrunk clásica sigue siendo el estándar de oro para la mayoría de los
pacientes. La investigación futura probablemente se centrará en refinar aún más los criterios de selección
para diferentes abordajes y en la comprensión de los factores moleculares que predisponen a la persistencia
del conducto y a la malignización.
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