Revista Multidisciplinaria Súmmum Vol. I, Núm. 1. (Enero- marzo 2024.) ISSN: 3103-1439
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Además de ello, hay otros elementos de composición que marcan las diferencias entre las novelas
comerciales y las obras de arte literarias. Ellos se refieren, por una parte, a las características de los
personajes principales que cumplen roles protagónicos. Por otra parte, al tipo de desenlace que en su
mayoría tienen los argumentos o historias que se narran en las novelas comerciales.
Generalmente, los protagonistas de las novelas comerciales son personajes con atributos que casi los elevan
a la categoría de héroe o persona de un perfil exitoso en la vida, en los negocios, en el amor, y en cualquier
aspecto donde pueda llamar la atención. Por el contrario, los personajes de las obras de arte literario, reúnen
un perfil que la mayoría de las veces, los aproxima a la categoría de antihéroe o personaje que lo pierde todo
o casi todo por una causa, ideal, obsesión, pathos o crisis de la existencia. Son personajes cuya heroicidad
está en el anonimato, o permanece de bajo perfil. Por el contrario, al protagonista de las historias
subliterarias le gusta exhibir con arrogancia su éxito o su poder.
En cuanto al desenlace, la estructura argumental del discurso narrativo en las obras de la subliteratura, por
lo general, conduce a un final feliz, todos los personajes, luego de pasar miles de dificultades, logran los
objetivos que se han propuesto, y exteriorizan su regocijo al cumplirse sus anhelos. Por el contrario, el final
de las obras de arte literario, casi siempre terminan en tragedia, decepción, frustración, dejando en el lector
una lejana esperanza de que las cosas algún día cambien, porque para ellos ya todo está perdido, y a lo más
que pueden aspirar es a la condición de mártires o víctimas de una existencia que ha transcurrido en un
universo de injusticia e incomprensión.
Tal es el caso de Enma Bobary (Madame Bovary, 1857), quien más por decepción amorosa que por el
descrédito social, decide suicidarse. Igual suerte y por causas similares, Ana Karenina (Ana Karenina,
Tolstoi, 1862) pone fin a su existencia, lanzándose a las ruedas de un tren en marcha. Gustav Von
Aschenbach (La muerte en Venecia, 1912), embelecido por el ideal de belleza clásica representada por el
fenotipo adolescente de Tadrio, prefiere morir víctima de la peste que invadía Venecia, antes que renunciar
a la contemplación patológica de su objeto obsesivo. Gregorio Samsa (La metamorfosis, 1915), termina el
martirio de sus días al morir convertido en un insecto, víctima de la injusticia e incomprensión familiar y
social.
Por su parte, Leopold Bloom (Ulises, 1922), es una caricatura de esposo víctima de los caprichos de su
consorte, quien primero se mantiene en celibato por 10 años, y luego le es infiel con su manager. Jay Gatsby
(El gran Gastby, 1925), muere asesinado, por el atormentado esposo de su amante, como una consecuencia
trágica alterna al desprecio del cual es víctima, por parte una clase social que no termina de aceptarlo.